Intenta apuntar principalmente a la creación de un universo de representación particular, popular y sensible, donde lo tosco y lo mínimo se transforme en la base para contar la tragedia de los niños. Para concretizar dicho objetivo se torna muy importante la figura del actor, quien dará forma a dicho espacio, y construirá con su cuerpo y voz personajes que surgen de la tensión de lugares contrapuestos: el adulto y el niño, la espera y la huída, la resistencia y la acción, el juego y la muerte. También evocarán espacios íntimos y mágicos, de manera que la casa, lugar estático en que se sitúa la obra, no sea un obstáculo a la imaginación de los espectadores, sino que siempre esté en constante cambio, al igual que el tiempo.